Un mito muy frecuente entre los pacientes y publico general es creer que, si uno se opera de várices, van a aparecer más venas enfermas justamente por haberse operado.
La realidad es otra, y vale la pena aclararla con información médica confiable.
La cirugía de várices no provoca nuevas várices. Lo que hace el procedimiento es eliminar las venas que funcionan mal, mejorando la circulación, aliviando síntomas como pesadez, cansancio, calambres o dolor, y previniendo complicaciones como flebitis, trombosis o úlceras venosas.
Entonces, ¿por qué a veces aparecen várices después de una cirugía?
Porque la insuficiencia venosa crónica es una enfermedad de origen principalmente genético, que puede seguir manifestándose con el tiempo en otras venas que estaban sanas en el momento de la operación.
Esto no significa que la cirugía haya fracasado o que haya generado nuevas venas enfermas. De hecho, sin intervención, seguirán presentes tanto las antiguas como las nuevas várices. Factores como los embarazos, el sobrepeso, la vida sedentaria, permanecer mucho tiempo de pie o sentado también pueden acelerar su evolución.
Por eso, el tratamiento de las várices debe entenderse como parte de un plan integral de cuidado de la salud que incluye:
- Controles periódicos con especialista en flebología
- Mantener un peso saludable.
- Realizar actividad física regular.
- Usar medias de compresión cuando estén indicadas.
- Evitar la inactividad prolongada.
La cirugía no “multiplica” las várices: al contrario, permite mejorar la salud venosa y la calidad de vida, siempre que se acompañe de buenos hábitos y seguimiento médico.
Informarse y derribar mitos es un paso clave para cuidar la salud de tus piernas.